CARTA DE FERNANDO BAÑULS A MARGARITA FUSTER
Aunque
no es fácil, después del vídeo que acabamos de ver y de los muchos homenajes
recibidos (y merecidos...), me propongo centrar mi participación en el homenaje
a Margarita Fuster abordando una revisión de su obra filosófica, tratando así
de perfilar el retrato que estamos haciendo de la homenajeada, su biografía y
aportaciones intelectuales.
En
sociología se recoge a la profesión como el estatus dominante. En el caso de
los filósofos me atrevo a decir que además de identificarlo como estatus
dominante, el hecho de ejercer como profesores de filosofía añade un plus en
nuestras vidas; más allá de cargos y/o lugares de trabajo que uno haya podido
ocupar, el tratar sobre filosofía nos constituye como somos, se inserta en
nuestra naturaleza de forma tal que esa circunstancia acaba por devenir
esencial. Y probablemente en Margarita Fuster, más.
Voy
a centrarme, ya lo he dicho, en revisar su obra filosófica, pero antes quiero
destacar, porque me parece muy relevante (y aclararé por qué), la pertenencia
de Margarita al cuerpo de catedráticos de instituto (o como se llame ahora), de
reconocido prestigio dentro del mundo académico. En tiempos como los actuales
donde el postureo más que una actitud frívola parece convertirse en razón de
ser de vidas y carreras, se corre el peligro de relativizar todo. Si todo es
aparentar, cómo diferenciar el ser del parecer. Cuando las notas se hinchan
artificialmente un aprobado vale poco, un título de grado al que no siga otro
de posgrado y a éste un master..., tampoco. Y eso nos puede llevar a pensar que
nada vale nada, y no es verdad. Y resulta muy pertinente traerlo a colación en
el caso de Margarita.
Cuando
Margarita comienza a preparar las oposiciones al cuerpo de catedráticos de
instituto, compañeros suyos son Emilio Lledó, Pedro Cerezo Galán, Javier
Muguerza, Carlos García Gual... esto es, primeros espadas del pensamiento
español. Pero antecedentes inmediatos a su generación fueron también Gustavo
Bueno (catedrático en el instituto Lucía Medrano de Salamanca desde 1949 hasta
1960), Emilio Alarcos Llorach (Catedrático
de instituto en Avilés desde 1944), Rodríguez Adrados
(Catedrático de Griego en el
Instituto Cardenal Cisneros de Madrid en 1949),
Antonio Domínguez (Historia, catedrático
de Instituto desde 1940 en Palma, Cádiz y Granada); y
antes de ellos lo habían sido Antonio Machado y Unamuno, quien siendo ya rector
de Salamanca, se reunía periódicamente con los catedráticos de instituto para
tratar sobre la enseñanza y los jóvenes.
Que
Margarita recoja en su currículum “catedrática de Filosofía desde 1963” no es
anecdótico, refleja una realidad que tal vez hoy no se valore en la relevancia
que tiene.
Otro
catedrático de instituto (de Filosofía) que no ha querido abandonar ese puesto,
pese a las ofertas de patada para arriba que ha recibido, es José Antonio
Marina, y no lo ha querido hacer porque en su opinión “en el instituto es donde
se cuece todo”. Gustavo Bueno, a quien ya hemos citado y que ya había pasado
por ahí, decía que los verdaderos profesores de filosofía eran los de
instituto, no los de Universidad. Aunque
también en ese foro Margarita Fuster, como presidenta del Club Sénior en la UMH
y responsable del Taller de Lectura, sigue ejerciendo como divulgadora de la
filosofía.
Esa
actividad divulgativa es la razón de ser, tanto de su blog: El Rincón de Margarita Fuster, como de
sus dos libros publicados: Una relectura
de ‘El mundo de Sofía’ (2010), como más recientemente El gozo de pensar. Una filosofía para todos (2016). Me atrevería a
decir que el tema de sus escritos, de todos sus escritos, entradas del blog,
libros, escritos de prensa... es siempre el mismo: la reflexión sobre algún
problema del mundo contemporáneo, que viene canalizado por las aportaciones de
todos los pesos pesados de la historia de la filosofía. Cuando a uno de sus
alumnos estrella Paco Sempere (tiene varios, tal vez Faustino Oncina es el de
más relumbrón), luego compañero suyo en Carrús muchos años, le pregunté para la
publicación en Carrusel en uno de los
muchos homenajes recibidos por la hoy de nuevo homenajeada (todos
merecidos...), cuando le pregunté a Paco, digo, sobre quién o quiénes eran sus
filósofos predilectos (los de Margarita), me respondió: “no sé qué decirte”. Y
lo entiendo, porque en sus libros salen todos, desde Tales hasta el coreano
Byun-Chul-Han, y en su blog (donde habla mucho de enseñanza) son invitados
frecuentes Aristóteles, Kant, Hegel, Nietzsche, Ortega...
Pero
divulgar el pensamiento de los grandes se puede hacer de muy diversas formas:
para los ya iniciados en las líneas maestras de su pensamiento (como los
escritos esotéricos que se conservan de Aristóteles), o para el público lector
en general, los escritos exotéricos (mayoritariamente perdidos por desgracia en
el caso de Aristóteles). Sin duda Margarita escribe para todos, y parte de la
tramoya que utiliza para conseguir que el pensamiento de Marx, de Wittgenstein
o de Simone de Beauvoir lleguen a un público lector que no necesariamente tiene
formación filosófica, es el uso que hace de la narrativa, especialmente de la
poesía. Una constante en toda su obra es ésta sin duda. Sus reflexiones sobre
el racionalismo, empirismo, filosofía analítica, hermenéutica, dialéctica...
van siempre acompañadas de citas de Calderón, Miguel Hernández, Antonio
Machado, Borges, Ángel González... Con dos referencias especialmente
destacadas: El mundo de Sofía (1991)
de Jostein Gaardner, y El principito
(1943), de Saint Exupéry.
Una
penúltima reflexión sobre su obra filosófica. El último capítulo de El gozo del pensar, aquel en el que
cuenta sus vivencias con la filosofía y los filósofos, sus maestros, compañeros
y coyuntura personal, el titulado “Un apéndice personal”, se inicia con la cita
de un texto de Fernando Savater que a su vez recoge las palabras con las que
Ernst Bloch finalizó su discurso de investidura como premio Nobel de la Paz de
1901 ¡Viva la razón práctica! Incluye además una cita de Kierkegaard: “La ética
no comienza en una ignorancia que hay que convertir en saber, sino en un saber
que exige su realización...” La filosofía es un saber racional, radical y
crítico. No hace falta situarse en el perspectivismo orteguiano, o en la
hermenéutica gadameriana, para comprender que la coyuntura sociopolítica en la
que se inserta su biografía va a resultar determinante en la elección de los
temas a tratar por ella; y esa coyuntura está marcada por el franquismo y la
transición a la democracia. Siendo importantes, no son las aporías
cognoscitivas, ontológicas o metafísicas las que centran su atención, sino la
pregunta kantiana sobre qué debo hacer, la Ética, la problemática central que
vertebra toda la obra filosófica de Margarita Fuster.
Y
la última, muy relacionada con la anterior. ¿Se han fijado en los nombres de
sus compañeros de oposiciones a cátedra? Emilio, Pedro, Javier, Carlos... No
hay ni una mujer. El feminismo es la otra constante a destacar en su obra. Un
feminismo pionero, un feminismo igualitario que trata de recoger la igualdad,
también intelectual, entre hombres y mujeres. Y si he dicho que Margarita
reflexiona sobre problemas del mundo contemporáneo canalizándolos por medio del
pensamiento de los grandes filósofos, también este caso, el feminismo, se
ajusta a ese modus operandi y sirve
aquí de referencia para justificarlo. Frente al patriarcado aristotélico, el
que se aceptó y extendió por la escolástica cristiana medieval, que
identificaba a mujeres y esclavos como seres inferiores al hombre, al varón,
Margarita contrapone esta actitud precisamente con la del maestro de
Aristóteles, Platón, quien en La
República defiende la idoneidad de la mujer para ejercer como gobernante de
la polis, puesto que sus capacidades intelectuales son iguales a las de los
hombres, y sólo la educación las ha dirigido al hogar y los hijos. Más aún, en El Banquete el personaje que proporciona
los conceptos filosóficos sobre los que se va a debatir cuál es la naturaleza
del amor, el tema de ese diálogo platónico, es Diótima. Y qué mejor forma de
acabar este homenaje a Margarita Fuster que con esa reivindicación del
protagonismo de la mujer en el pensamiento.
Enhorabuena Margarita.
Catedrático de Filosofía
Instituto Carrús
Profesor de Sociología
Universidad de Alicante
Margarita Fuster Centro de Congresos, Elx 03/07/17